Docente

A lo largo de la vida, pocas cosas han permanecido inalterables: una de ellas, que me caracteriza profundamente desde pequeña, es la búsqueda constante. Búsqueda del conocimiento, de la superación, del bienestar, de la plenitud del ser. La Historia me ha enseñado que el ser humano se manifiesta singular y múltiple, y que los siglos y las latitudes diferentes esconden detrás de ese fractal de culturas un sustrato común, una pulsión única. He aprendido, como aquellos magos naturales precursores de la ciencia moderna, que en el centro de una flor se halla el dibujo de las constelaciones, y que lo más sutil refiere a lo más burdo, y viceversa….

Esa es la razón por la que amé formarme en Taitoku, en donde integramos los cuerpos físicos, mentales, emocionales y sutiles, tal como son, en un ámbito auténtico, sin falsos roles ni posturas impuestas, donde somos nuestra propia y mejor versión cada día. Esto es lo que transmitimos: Ahimsa (el respeto – la no violencia), porque el cuerpo nos enseña la lección más fundamental: el camino siempre es hacia uno mismo.